de esta forma la vida en la cárcel:
Yaze donde el sol se pone
entre dos taxadas peñas
una entrada de un abismo,
quiero dezir, una cueva
profunda, lóbrega, escura,
aquí mojada, allí seca,
propio alvergue de la noche,
del horror y las tinieblas.
Por la boca sale un ayre
que al alma encendida yela,
y un fuego, de quando en quando,
que el pecho de yelo quema.
Del mismo modo, destaco el soneto número 25 a raiz de la entrada del duque de Medina en Cádiz, en el que se aprecia su fabuloso uso de la ironía y su particular humor:
Vimos en julio otra semana santa,
atestada de ciertas cofradías
que los soldados llaman comapañias,
de quien el vulgo, y no el inglés, se espanta;
huvo de plumas muchedumbre tanta
que en menos de catorce o quince días
volaron sus pigmeos y Golías,
y cayó su edificio por la planta.
Bramó el Becerro y púsolos en sarta;
tronó la tierra, escurecióse el cielo,
amenanzando una total rüina;
y al cabo, en Cádiz, con mesura harta
(ido ya el conde sin ningún recelo),
triunfando entró el gran duque de Medina.
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