Escrito 'stá en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo
vos sola lo escribisteis; yo lo leo
tan solo que aun de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto,
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
Yo nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero;
cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir,y por vos muero.
Lo que desde mi punto de vista requiere una atención especial de este soneto es el hecho de que Garcilaso exprese que es la propia amada la que escribe el soneto, y no Garcilaso, es decir, la propia belleza sólo puede ser descrita como ella misma es, perfectamente bella.
Siguiendo con los textos de Garcilaso también me gustaría destacar, dentro de la Elegía II (A Boscán), a partir del verso 94:
¡Oh Crudo, oh riguroso, oh fiero Marte,
de túnica cubierto de diamante
y endurecido siempre en toda parte!
¿qué tiene que her el tierno amante
con tu dureza y áspero ejercicio,
llevado siempre del furor delante?
Es destacable el uso de las exclamaciones y la pregunta retórica, que otorgan fuerza a la contraposición entre la guerra (y su dureza) y el amor (y su belleza, sus interrogantes).
Es también interesante, en la misma elegía en sus versos 145 a 165, la comparación que se hace entre él y el propio Boscán, las dos caras de la moneda para Garcilaso:
Tú, que en la patria, entre quien bien te quiere,
la deleitosa playa estás mirando
y oyendo el son del mar que en ella hiere,
y sin impedimento contemplando
la misma a quien tú vas eterna fama
en tus vivos escritos procurando,
alégrate, que más hermosa llama
que aquella qu'el troyano encendimiento
pudo causar el corazón t'inflama;
no tienes que temer el movimiento
de la fortuna con soplar contrario,
que el puro resplandor serena el viento.
Yo, como conducido mercenario,
voy do fortuna a mi pesar m'envía,
si no a morir, que aquéste's voluntario;
sólo sostiene la esperanza mía
un tan débil engaño que de nuevo
es menester hacelle cada día,
y si no le fabrico y le renuevo,
da consigo en el suelo mi esperanza
tanto qu'en vano a levantalla pruebo.
Para terminar me gustaría hacer alusión a la Égloga I (8), en la que se muestra el magestuoso tratamiento lírico de Garcilaso, con la contraposición de sustantivos y adjetivos en el mismo verso:
Por ti silencio de la selva humbrosa,
por ti la esquividad y apartamiento
del solitario monte m'agradaba
por ti la verde hierba, el fresco viento,
el blanco lirio y colorada rosa
y dulce primavera deseaba.
¡Ay, cuánto m'engañaba!
¡Ay, cuán diferente era
y cuán d'otra manera
lo que en tu falso fecho se escondía!
Bien claro con su voz me lo decía
la siniestra corneja, repitiendo
la desventura mía.
Salid sin duelo, lagrimas, corriendo.
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