miércoles, 15 de septiembre de 2010

Fernando de Herrera

Tal y como es expresado en la introducción de la edición de cátedra, su obra es hasta cierto punto pedante. Destacaría los versos 51-60 de la Canción en alabança de la diuina Magestad, por la vitoria del señor Don Juan (en relación a la victoria en la batalla de Lepanto por don Juan de Austria contra los turcos) refiriéndose al "tirano turco":

Los poderos pueblos me obedecen,
y con su daño el yugo an consentido,
y me dan, por saluarse, ya la mano.
Y su valor es vano,
que sus luzes, muriendo, se escurecen.
Sus fuertes en batalla an perecido,
sus vírgenes están en catiuerio,
su gloria a buelto al cetro de mi imperio.
Del Nilo a Eufrates y al Danubio frío,
cuanto el sol alto mira, todo es mío.


De esta manera se justifica la entrada en guerra, y se dignifica la victoria de Don Juan de Austria.


Otros versos destacables, desde mi punto de vista, es el soneto XXXVIII, que dice así:


Serena Luz, en quien presente espira
divino amor, qu'enciede i junto enfrena
el noble pecho qu'een mortal cadena
al alto Olimpo levantars'aspira;


ricos cercos dorados, do se mira
tesoro celestial d'eterna vena;
armonía d'angélica sieran
qu'eentre las perlas i el coral respira:


¿cuál nueva maravilla, cuál exemplo
de la inmortal grandeza nos descubre
aquessa sombra del hermoso velo?


Que yo en essa belleza que contemplo,
aunqu'a mi flaca vista ofende i cubre,
la immensa busco i voi siguiendo al cielo.


Poesía de corte petrarquista que fue dedicada a la condesa Leonora de Milán.

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