Larra es clasificado como un escritor costumbrista, pero bajo su estética de las costumbres se vislumbra una fuerte carga política, que sólo puede ser mostrada desde una ocultación debida al intento de huída de las represarías. Como dice el propio Larra en “Empeños y desempeños” (pág. 152):
… porque entre tantas apuntaciones y notas como en mi pupitre tengo hacinadas, acaso dos solas contendrán cosas que se pueden decir, o que no deban por ahora dejarse de decir.
Más allá de la calidad estética de Larra, me gustaría hacer alusión a sus críticas a los diversos aspectos de la sociedad española de la época. En “Vuelva usted mañana” hay una crítica a la pereza española que impide el avance de la nación (pág. 195):
- Pues así son todos. No comerán por no llevar la comida a la boca.
O en la pág. 197:
- … La pereza es la verdadera intriga; os juro que no hay otra; esa es la gran causa oculta; es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas.
Y es este tema de la vaguería española un tema recurrente en Larra, como se observa también en “Yo quiero ser cómico”, en el que se critica el mal entendimiento por parte de la sociedad de lo que es un trabajo y lo que se debe hacer para estar preparado para el mismo (pág. 222):
- Mal; porque si va a decir verdad, yo soy un pobrecillo: yo era escribiente en una mala administración; me echaron por holgazán y me quiero meter a cómico porque se me figura a mí que es oficio en que no hay nada que hacer…
Otro tema ampliamente tratado es la vanidad de la sociedad española de la época, que queda bien reflejada en “El castellano viejo”, en la que se denuncian las apariencias en un intento de crítica a la sociedad antigua, para la consecución de un futuro cambio (pág. 180):
Mas la vanidad le ha sorprendido por donde ha sorprendido casi siempre a toda o a la mayor parte de nuestra clase media, y a toda nuestra clase baja.
En el segundo relato que queda patente la vanidad es en “Empeños y Desempeños”, en la que mediante el retrato de una tienda de empeños se dibuja una sociedad que desea aparentar más de lo que es (pág. 161):
¿Es posible que se viva de esta manera? Pero, ¿qué mucho, si el artesano ha de parecer artista, el artista empleado, el empleado título, el título grande, y el grande príncipe? ¿Cómo se puede vivir haciendo menos papel que el vecino? ¡Bien haya el lujo! ¡Bien haya la vanidad!
Otra de las grandes críticas de Larra se orienta a la apatía individual de los ciudadanos que echa la culpa de su sociedad a otros en vez de comenzar la crítica por sí mismos. Es decir, la sociedad española es una sociedad en la que se critica, pero luego no se hace nada, como en “El café” (pág. 122):
Amo – siguió – amo demasiado a mi patria para ver con indiferencia el estado de atraso en el que se halla; aquí nunca haremos nada bueno… y de eso tiene la culpa… quien la tiene…
O “En este país”, en el que se denuncia que no se mira al progreso, sino que se echa la culpa de todo lo que ocurre a las circunstancias sin llevarse a cabo ninguna acción (que nos lleva otra vez al tema de la pereza individual, pág. 227):
¿Es la pereza de imaginación o de raciocinio, que nos impide investigar la verdadera razón de cuanto nos sucede, y que se goza de tener una muletilla siempre a mano con que responderse a sus propios argumentos, haciéndose cada uno la ilusión de no creerse cómplice de un mal, cuya responsabilidad descargar sobre el Estado del país en general? Esto parece más ingenioso que cierto.
Este tema podría aplicarse sin duda también a la España de nuestros días. Y al hilo de este tema, otro tema bastante actual es el que se muestra en “El casarse pronto y mal”, en el que se critica la mala importación de valores del extranjero sin la necesaria formación o raciocinio por un sentimiento de inferioridad nacional (pág. 175):
Nosotros declaramos positivamente que nuestra intención al pintar los funestos efectos de la poca solidez de la instrucción de los jóvenes del día ha sido persuadir a todos los españoles que debemos tomar del extranjero lo bueno, y no lo malo, lo que está al alcance de nuestras fuerzas y costumbres, y no lo que les es superior todavía.
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