jueves, 18 de noviembre de 2010

Christopher Marlowe - La trágica historia de la vida y muerte del doctor Fausto

Como segunda entrega de las lecturas complementarias, he decidido consignar el Fausto de Christopher Marlowe. Desde mi punto de vista se trata de una obra didáctica, y muy del gusto de la época en la que se mezclan las explicaciones, los juegos de palabras y los refranes populares, con un mensaje muy claro y muy sencillo.


El tema principal de la obra es el conflicto entre lo divino y lo humano. Es decir, las aspiraciones de los humanos por tener los dones de las divinidades, y como esto va en contra de la naturaleza, el seguir esta actitud sólo puede llevar a un castigo, que en el caso de la doctrina cristiana está asociado al infierno. En la pág. 53 de la edición de Julio César Santoyo y José Miguel Santamaría de Cátedra, en una reflexión inicial de Fausto se aprecia claramente el debate que la obra propone:


Fausto: … Con todo, tú sigues siendo Fausto, sólo un hombre.
Si pudieras hacer vivir eternamente a los mortales
o, si muertos, pudieras devolverlos a la vida,
entonces podrías tener en algo esta profesión.


En segundo plano a esta gran doctrina, la obra tiene un fuerte carácter educativo, como ya he comentado. Por ejemplo en las páginas 86-87 se explica la colocación de las esferas celestes:


Fausto: ¿Cuántos cielos o esferas hay?
Mefistófeles: Nueve: los siete planetas, el firmamento y el cielo empíreo.
Fausto: ¿Y no hay un coelum igneum et crystalinum?
Mefistófeles: No, Fausto. Eso es sólo una fábula.


Con lo que incluso se intenta instruir sobre las dudas o teorías consideradas como falsas en la época. Existe también una enseñanza sobre los pecados capitales, en la que se explica en qué consiste cada uno de ellos mediante una personificación de los mismos (pág. 92-94), por citar uno, hablemos de la avaricia:


Avaricia: Soy la Avaricia. Un viejo patán me engendró en una bolsa de cuero. Y si ahora pudiese cumplir mis deseos, esta casa, tú y todo lo demás os convertiríais en oro. Así podría encerraros a salvo en mi cofre. ¡Oh, queridísimo oro!


Enseñanzas de geografía (pág. 130):


Fausto: … Desde París, y bordeando el reino de Francia,
vimos luego el río Maine sumirse en el Ring,
con riberas sembradas de ubérrimos viñedos:
y Nápoles después, en la rica Campania,
sus hermosos monumentos tan vistosos,
las calles rectas y nunca mejor pavimentadas,
dividida la ciudad en cuarto partes iguales…


O sobre la variación de las estaciones en las diferentes regiones de La Tierra (pág. 152):


Fausto: Os lo explicaré, señor. El año se divide en todo el mundo en dos ciclos, así que cuando aquí es invierno, en el hemisferio contrario es verano, como ocurre en la India, Saba y en otros países del lejano Oriente, donde tienen dos cosechas al año. Desde allí se las ha hecho traer, como veis, a un espíritu veloz que me sirve.


Al igual que existen elementos educativos basados teóricamente en un conocimiento absoluto, existe también un aprendizaje basado en refranes. Por citar un ejemplo (pág.139):


Federico: A quien el diablo se lleva, poco le queda (He must needs go that the devil drives).


Todo ello, confecciona un texto simple, conciso, pero a la vez muy simbólico y fácilmente entendible, que por todo ello era del agrado del público de finales del siglo XVI y principios del XVII y que permitía fomentar la cohesión de la sociedad en cuanto a ideales científicos, culturales y religiosos.

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