domingo, 12 de diciembre de 2010

Juan Valera – Pepita Jiménez

Nos encontramos ante una de las obras más emblemáticas del siglo XIX español de carácter realista. La edición utilizada ha sido de la de Leonardo Romero de Cátedra (Letras Hispánicas), y por tanto las citas serán referidas a dicha edición. Existirían muchos temas que podrían ser tratados de la obra en cuestión, pero aquí vamos a hacer referencia principalmente a lo que podríamos denominar el realismo de la obra.


El realismo de la obra se ampara sobre todo en la idea de que el texto no ha sido realmente escrito por el narrador, sino que son un conjunto de cartas y escritos que el autor ha encontrado. Este hecho, da mayor realismo a lo relatado por la mera sacralización tradicional del texto escrito como algo verdadero. De esta manera el texto se divide en tres partes: Las cartas del sobrino del Deán, paralipómenos (de cuya autoría se duda aunque se atribuye al Deán), y Cartas de mi hermano (del Deán).


Sin embargo, el realismo de la obra no es más que una mera ilusión. El propio texto no hace más que romper esta premisa una y otra vez; llevando a cabo una continúa inconsistencia realista. En primer lugar las cartas de Don Luis demuestran constantemente conocimientos que él no podría tener para conseguir una trama más atractiva, pero que rompe con la idea realista del lector atento. Por ejemplo, en pág. 148-150 relata gran variedad de detalles de la vida de Pepita cuando aún no ha llegado a conocerla (pág. 150):


Confieso a usted que empiezo a tener curiosidad de conocer a esta mujer; tanto oigo hablar de ella.


La otra gran falta de realismo se presenta sutilmente en los paralipómenos, puesto que se dice que es obra del Deán, cuando en realidad los conocimientos allí vertidos, como por ejemplo en relación a las descripciones de las conversaciones, parajes o los aposentos de Pepita, no podrían ser conocidos por el mismo. En clase barajamos la idea de que el autor podría ser don Pedro (padre de don Luis), sin embargo, desde mi punto de vista, esta autoría también es imposible, puesto que no puede conocer algunos de los detalles mostrados. Por ejemplo en pág. 251 en relación a Pepita:


Se acababa de levantar, y vestía una ligera bata de verano. Su cabello rubio, mal peinado aún, parecía más hermoso en su mismo desorden. Su cara, algo pálida y con ojeras si bien llena de juventud, lozanía y frescura, parecía más bella con el mal que le robaba colores.


Del mismo modo, no tendría sentido hablar de sí mismo en tercera persona. Pág. 264:


Su padre, que no dejaba casi ningún día de salir al campo a caballo, había querido llevarle en su compañía; pero don Luis se había excusado con que le dolía la cabeza, y don Pedro se fue sin él.


Sin embargo, el narrador resuelve la problemática, eso sí, para el caso supuesto del Deán, anunciando que es un recurso estilístico (pág. 319-320):


Tampoco hizo mal, en mi sentir, en ocultar su personalidad y en no mentar su yo, lo cual sólo demuestra su humildad y modestia, sino buen gusto literario, porque los poetas épicos y los historiadores, que deben servir de modelo, no dicen yo aunque hablen de ellos mismos y ellos mismos sean héroes y actores de los casos que cuentan.


El último gran fraude realista es el que hace expresar a Antoñona de una forma más elevada a su condición (pág. 277):


Sin embargo, había pedido, no se sabe si al cielo o al infierno, que desatase su lengua y que le diese habla, y habla no chabacana y grotesca, como la que usaba por lo común, sino culta, elegante e idónea para las nobles reflexiones y bellas cosas que ella imagina que le convenía expresar.


Sin embargo, a pesar de que es todo una farsa de autoría, cualquier obra literaria no es más que ficción, y precisamente, el dejarse maravillar por lo ficticio es parte de la propia magia de la literatura.


Otra de las principales características de la obra es la vuelta al Renacimiento, con la descripción de paisajes que están en consonancia con el personaje, mostrando una naturaleza en armonía con el hombre; o el carpe diem (pág. 202):


La belleza de esta mujer, tal como hoy se me manifiesta, desaparecerá dentro de breves años; ese cuerpo elegante, esas formas esbeltas, esa noble cabeza, tan gentilmente erguida sobre los hombres, todo será pasto de gusanos inmundos…


Por último, otra de las principales características de la obra, es la creencia positiva del mundo, y la aceptación del mundo tal y como es (pág. 183):


Si no es así, me parece que todo lo entiende con notable perspicacia y que sabe unir al amor entrañable de nuestra santa religión el aprecio de todas las cosas buenas que la civilización moderna nos ha traído.



Podríamos comentar otros temas que aparecen en los diferentes pasajes de la obra, como por ejemplo los que tratan acerca de los estamentos sociales, las diferencias entre la vida en la ciudad y el campo, así como la escapada del campo a la ciudad por parte de la población (todos ellos comentados en la parte final de obra -Cartas de mi hermano-); o estudiar más detalladamente las múltiples alusiones a la belleza renacentista, sin embargo todos ellos se escapan de esta breve reseña.

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